"Cuando hablamos del fin del mundo, todos piensan en meteoritos, virus o un supertsunami, pero pocos imaginan un choque ontológico"

Fuente de la imagen, Cortesía de Julio Rojas
- Autor, Santiago Vanegas
- Título del autor, BBC News Mundo @HayFestivalArequipa
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 10 min
Si se abriera una vacante de experto en el fin del mundo, Julio Rojas (Santiago de Chile, 1965) sería el candidato perfecto.
Su audioserie de ficción "Caso 63", estrenada en medio de la pandemia de covid, se convirtió en un fenómeno inmediato. La historia de un viajero en el tiempo con la misión de salvar el mundo de un virus mortal se parecía demasiado a la realidad.
Se convirtió en el podcast más escuchado de Spotify en América Latina, y menos de dos años después se estrenó la versión en inglés, protagonizada por la ganadora del Oscar Julianne Moore y Oscar Isaac.
Desde entonces, Rojas no ha dejado de replicar su éxito en audioseries y libros que imaginan el futuro con una alta dosis de realismo: IAs que se salen de control, sociedades en las que ha dejado de existir el trabajo y el dinero, niños que son criados por las máquinas.
BBC Mundo habló con el escritor en el marco del HAY Festival Arequipa 2026 sobre su último libro, "El problema del fin del mundo", y su audioserie Almanaque 2035, dos miradas distintas sobre el futuro que parten de una profunda (y a veces irónica) mirada de la actualidad tecnológica.

Fuente de la imagen, Sebastián Utreras
Tu obra reciente gira en torno a imaginar el futuro, a veces más cercano, a veces más lejano, a veces más optimista, a veces catastrófico. Pero leyéndote pensaba que en realidad estás más obsesionado con el presente, ¿no es así?
Completamente. Creo que estamos rodeados de eventos semillas que son invisibles, son minúsculos. No generan titulares, pero si uno sigue esa ruta se da cuenta que son puntos de inflexión que van a modelar completamente el futuro.
La idea de que el futuro es una es un sistema separado de ahora es extraña.
Definitivamente, somos parte del futuro y ya se generaron las bases para ese establecimiento. Por eso, hay que escribir sobre ahora para poder escribir ciencia ficción.
En tus historias casi todo es una cuestión de información. En "El problema del fin del mundo" están los que saben que se va a acabar el fin del mundo y los que no saben...
Bueno, finalmente es la gran brecha.
Durante bastantes miles de años, había una brecha física, gente que podía cargar un peso y gente que no; luego, una brecha de género, desigualdades económicas...
Pero la gran brecha real del futuro es que alguien va a saber ocupar una tecnología y obtener información relevante, cruzar datos que son imposibles de comprender para el resto, y alguien va a ser víctima de esa información privilegiada. Es lo que ya está sucediendo.
Por ejemplo en "El problema del fin del mundo" vemos una discrepancia feroz entre gente que maneja información y gente que se encuentra vagando en una especie de desierto de información falsa y de ignorancia en relación al futuro. En las tres historias pasa eso.
En los últimos meses se ha despertado una preocupación real por las implicaciones de la Inteligencia Artificial, que parecen ser de un tamaño que pocos anticipábamos. A ti, que llevas años pensando y escribiendo sobre esta montaña rusa tecnológica en la que estamos montados y en cómo va a ser una sociedad controlada por las máquinas, ¿qué te asusta de la IA?
Me asusta todo de la Inteligencia Artificial.
Estamos jugueteando con un tipo de fuego que no se puede controlar, y las implicaciones son gigantes.
Con las armas nucleares y los virus, por ejemplo, pasa que hay un consenso de que son peligrosos. Les tenemos miedo, y eso nos protege. Y hay una legislación, además.
Solamente alguien muy demente podría hacer estallar bombas nucleares o abrir un laboratorio clase 5 de bioseguridad y liberar un virus.
El problema de la IA es que es seductora. Es una tecnología que nos atrapa, que hace una captura empática, que nos enamora. Literalmente, nos enamora.
Tú no sabes la cantidad de gente que me escribe diciéndome que tiene relaciones significativas con una IA.
Es un síntoma y un signo de la soledad humana. Estamos en un mundo demasiado complejo, y la única manera de evadir esa complejidad feroz, violenta, predadora, hipercapitalista y extractivista es el cobijo. Pero como nadie nos cobija, están ahí las IA para hacerlo.
Entonces yo le puedo decir: "Tuve un mal día". —"A ver, Julio, ¿por qué tuviste un mal día? Cuéntame".
Ese canto de sirena es mucho más peligroso, porque nos abraza, nos hace creer en el vacío de su propia existencia y nos puede destruir.

Fuente de la imagen, SUMA | Penguin Libros
¿Cómo nos podría destruir?
De dos maneras.
Una es que un grupo de humanos maneje mal la IA intencionalmente, como ya lo estamos viendo en el caso de las compañías que hacen drones militares con IA, lo cual es absolutamente inmoral y descabellado.
Y luego la segunda no tiene que ver con que la IA nos quiera destruir por sí misma, como el cine Hollywood nos ha dicho, sino que básicamente nos puede destruir por una orden mal hecha, por una interpretación desalineada.
Y ambas son bien estúpidas.
Pero lo que más me aterra no es que la IA tome el control. Es que puede que todos quedemos embobados con la tecnología para siempre, en una especie de scroll infinito de placer.
Almanaque 2035 es casi que un reportaje científico. Todo en ese futuro que imaginas parte de una investigación sobre los abismos cerca de los que está caminando la ciencia actual.
Sí, yo tenía una cantidad de cuadernos de apuntes de cosas que le pregunté a científicos, usé la IA para que me diera papers de frontera, también durante mucho tiempo he estado suscrito a algunas revistas científicas.
De todo eso, saqué lo que hablábamos: momentos semilla. Y elegí los que consideraba que podían ser más transformadores.
La gente que escucha Almanaque 2035 termina con una sensación muy extraña, que es lo que yo quiero poner sobre la mesa: "Espera un poco. Esto no es que va a llegar de improvisto, de cero a uno. No, esto está pasando ahora. Ahora es el momento".
¿Cuáles de esos avances científicos te dejaron más sorprendido?
Bueno, el tema de la longevidad no es menor. Durante generaciones y generaciones hemos envejecido. Alguien de 62 parece de 62, alguien de 87 parece de 87, y alguien de 32 parece de 32.
Y es raro que alguien de 87 tenga una novia o un novio de 22.
Pero, ¿es raro por su cuerpo? ¿Por su mente? ¿Por su experiencia? ¿Por qué? ¿Qué hace que sea disruptivo?
Y entonces vienen preguntas gigantes: ¿y qué pasa si todos lucen igual? ¿Qué pasa si alguien de 87 o de 122 luce como alguien de 38 y sale con alguien de 36?
Estamos hablando de que el cuerpo se homogeniza, se vuelve un producto estándar, un commodity. Y las implicaciones son monstruosas y enormes.
Es que tu abuela puede hacerse como regalo de cumpleaños 87 un tratamiento de longevidad con CRISPR-Cas9, nanobots, alargamiento de telómeros y edición génica.
Y de pronto, aparece como una mujer bastante atractiva que pone en tensión a toda la familia (risas).

Fuente de la imagen, Emisor Audiolibros
Ese tema de la longevidad parece interesarles muchos a los multimillonarios y los poderosos, ¿no? El año pasado, un micrófono captó una conversación privada de Xi y Putin y de lo que estaban hablando era de la inmortalidad...
La inmortalidad es el gran tema humano.
La primera historia de la humanidad, que es la epopeya de Gilgamesh, es la búsqueda de la longevidad. Eso nos debería dar luces: somos una especie obsesionada con vencer a la muerte.
Muchas de las cosas que están pasando ahora por la disrupción de la Inteligencia Artificial —la medicina personalizada, los organoides— tienen que ver con que un grupo de multimillonarios tiene un feroz miedo a la muerte.
Los primeros inmortales van a ser ellos. Una distopía completa.
En "El problema del fin del mundo" cuentas tres fines del mundo posibles. Los dos primeros son más o menos intuitivos: una superinteligencia artificial que acaba con todo y un virus que amenaza a la humanidad. Pero en la tercera historia el mundo se va a acabar por un "choque ontológico". ¿Qué cosa sería un choque ontológico?
Cuando hablamos del fin del mundo, todo el mundo suele hablar de meteoritos, de crisis de confianza, de los virus, de Inteligencia Artificial, de un supertsunami...
Pero te quiero contar una pequeña historia. Hace 3 años me contrataron como guionista para ir en busca de una foto perdida. Era una foto de un ovni que se había usado en un afiche de Los expedientes secretos X (The X Files), la icónica serie con Gillian Anderson.
Fui hasta Zúrich en busca del que había supuestamente tomado esa foto, un anciano llamado Billy Meier, y lo entrevisté. Y me contó que la foto había llegado a manos del Vaticano y luego a la CIA.
Entonces, busqué a la gente que había tenido que ver con la foto.
Más allá de que creas o no en la vida extraterrestre, la gran pregunta que hay es: si hay información, falsa o verdadera, ¿por qué no se libera toda?
Y los abogados de Washington con los que hablé, la gente del Vaticano con la que hablé, en todas partes me dijeron que por el "shock ontológico".
Según ellos, no estamos preparados como especie para que se derrumbe nuestro piso conceptual de que estamos solos en el universo.
Si de verdad pasara como en la película Arrival que llega un huevo invertido y se pone frente a varias ciudades, la gente dejaría de pagar, de trabajar, de educarse, de amar, la gente se empezaría a tirar por las ventanas.
Podría suceder algo catastrófico, sin siquiera saber quién está detrás de esa puerta. Eso no importa. Importa que estábamos solos en el universo y ahora ya no lo estamos.
Bueno, eso es el choque ontológico, y yo quería ponerlo de una manera bastante realista, como una tesis de una tecnogurú de Silicon Valley arrepentida.

Fuente de la imagen, AFP vía Getty Images
No todas tus historias son catastróficas. Hay personas en esos futuros que valoran las cosas de su tiempo, que quizás miran al pasado con nostalgia pero no necesariamente les parece mejor. ¿Qué razones nos quedan para ser optimistas sobre el futuro?
Creo que hay que pensar buenos futuros. Si no, vamos directo a un precipicio.
No puede ser que todas las noticias con respecto al futuro sean la posibilidad de que nos destruya la IA, la posibilidad de una guerra nuclear, la posibilidad de una tecnocracia sin salida. Tenemos que tener alguna alguna luz al final del túnel.
La ficción genera un espacio para que podamos al menos ver un camino.
Tú, siendo un escritor, te has vuelto una voz importante para pensar en el futuro, más allá de la literatura y el entretenimiento. Incluso has trabajado como consultor para empresas tecnológicas...
Es que es tan extraño lo que está ocurriendo con respecto al futuro...
Acabo de estar en China, en la feria robótica de Beijing. La ciencia ficción planteó durante mucho tiempo que iban a existir robots humanoides. Ahora, ¿cuál va a ser la función de un robot humanoide dentro de un hogar? ¿Qué pasa si el robot descubre algo que es indebido dentro del hogar? ¿Denuncia? ¿Llama a la policía?
Está todo lleno de problemas éticos y filosóficos con respecto a la tecnología.
Entonces, muchas compañías quieren saber qué dice la ciencia ficción con respecto a hacia dónde va el futuro.
Eso te indica que estamos en una edad del desconcierto. Los filósofos tienen que estar muy contentos porque todo el mundo empezó a filosofar en la mesa nuevamente.
Esa creo que es la única gran noticia del momento, que volvimos a pensar qué significa ser una especie colaborativa humana.

Fuente de la imagen, Getty Images
¿Está la discusión sobre cómo va a ser el futuro en las manos correctas?
Lo sorprendente es que en Occidente dejamos que un puñado de personas manejara nuestro futuro completamente.
En China es diferente porque hay más código abierto, es más colaborativo, pero igual está controlado, en ese caso por el Estado.
Nuestro futuro, nuestras vidas, el diseño de las próximas generaciones, está controlado por un grupo de personas que se cuenta con los dedos de las manos.
Y ninguna se está caracterizando por ser sensata o por tener un ego bajo.
Son bastante infantiles, egóticos, desmesurados. Niños villanos de película de Marvel.
Ahora, lo bueno dentro de esta catástrofe es que ellos creen que pueden mantener el fuego dentro de una caja.
Pero en realidad estamos a un par de años de que todo el mundo pueda tener su propia inteligencia artificial sin pagarle a ninguna de sus corporaciones.
Obviamente, si tú quieres el camino fácil, pagas 20 dólares y ya está. Pero el fuego no se puede mantener restringido y todo el mundo va a tener su antorcha.
Nos hemos acostumbrado a que la ciencia ficción sea escrita por escritores europeos o a verla en películas gringas. Tú estás haciendo ciencia ficción desde el sur...
Lo que pasa es que las implicaciones de una disrupción tecnológica no admiten fronteras, pero sí admiten miradas.
Yo observo el fenómeno desde el borde, desde el sur.
La ciencia ficción no está restringida a ningún tipo de territorio, porque el futuro vamos a experimentarlo todos, queramos o no.
Y más vale que reflexionemos sobre eso en el sur, porque podemos dar mejores respuestas quizás que los que están dentro de la pecera.
Y por último, Julio, ¿cómo haces para no sentir que te estás volviendo un loco conspiranoico del fin del mundo?
(Risas)
Yo creo que estoy volviéndome loco, definitivamente.
Ahora, bienvenido eso, porque estamos en una especie de homogeneización completa del pensamiento.
A ver, hay quienes utilizan la conspiración para validar unos discursos horribles, de odio y una especie de postura anticolectiva y de terror al otro. El típico prepper de extrema derecha que se hace un búnker y se salva con sus propias armas.
Tampoco estoy de acuerdo con el antivacunas terraplanista, que me es sospechoso porque cuando cae la ciencia se derrumba también el pensamiento crítico.
Pero, sin duda, en un mundo donde no podemos saber qué cosa es verdad y qué cosa es mentira, uno tiene que dudar, porque la duda nos va a salvar.
Yo estoy en el lado del que duda.
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