Ana donó sus órganos al morir en España por eutanasia: ahora un grupo de abogados cristianos quiere prohibir que vuelva a suceder

Fuente de la imagen, Archivo familiar
- Autor, Esperanza Escribano
- Título del autor, Especial para BBC Mundo
- Autor, Linda Pressly
- Título del autor, BBC News
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 8 min
Cuando Ana decidió morir por eutanasia, sus padres sabían que se enfrentaban al mayor dolor que jamás tendrían que soportar.
"Es como un reloj de arena en el que la arena va cayendo poco a poco", recuerda Salvador, el padre de Ana. "Y sabes que, cuando termine de caer, ella va a morir".
Ana nació con espina bífida, una malformación que ocurre cuando la columna vertebral y la médula espinal del feto no se cierran por completo durante el embarazo y puede causar discapacidad.
En el caso de Ana, tras varias intervenciones e infecciones, llegó a la veintena con un dolor neuropático intenso y serios problemas de movilidad.
Los médicos le dijeron que, seguramente, moriría asfixiada.
"Y ahí fue cuando ella dijo que no quería morir así y pidió la eutanasia", cuenta Puri, su madre.
Los padres de Ana no intentaron impedir que solicitara la eutanasia. Murió en 2023 a los 28 años.
¿Cómo pudieron sobrellevarlo sus padres? La respuesta es clara: con amor.
"Puedo estar o no de acuerdo con tu decisión, pero voy a estar contigo porque te quiero", dice Salvador.
"Ella tenía muy claro que nos iba a hacer mucho daño", dice Puri. "Pero el amor es eso, es estar donde la persona te pide que estés y si te pide que estés acompañándola a morir, lo haces".
Fue una vida corta y marcada por el dolor, pero Puri y Salvador recuerdan también la alegría de Ana y sus ganas de vivir.
Algo que se ha vuelto más difícil este año, que ha tenido para ellos un sabor agridulce.

Fuente de la imagen, Esperanza Escribano
Un caso que conmocionó a España
En marzo de este año, Noelia Castillo, de 25 años, murió mediante eutanasia en Cataluña. Su caso ocupó titulares en todo el mundo.
Noelia había sido una adolescente con problemas. Entró y salió del sistema de protección de menores desde que sus padres se separaron.
A los 21 años, sufrió una violación en grupo. La joven intentó quitarse la vida saltando desde el balcón de un quinto piso. El intento la dejó parapléjica y con dolor.
Después de que solicitara la eutanasia y fuera autorizada a recibirla en 2024, su padre recurrió a los tribunales para intentar impedir lo que consideraba un suicidio amparado por el Estado. Perdió.
"Lo que decíamos es que Noelia no era capaz de elegir porque padecía un trastorno límite de la personalidad; su juicio estaba afectado", afirma Polonia Castellanos, presidenta de Abogados Cristianos, un grupo de conservadores que representa a los padres de Noelia.
La asociación también ha hecho campaña contra el aborto o contra la presencia de libros de temática LGBT en las escuelas.
Pero los tribunales, que ya habían evaluado antes que Noelia cumplía los criterios médicos que exige España para que alguien acceda a la eutanasia, determinaron que Noelia era una adulta competente y capaz de decidir por sí misma, y que su padre no tenía derecho a intervenir en su muerte.

Fuente de la imagen, Atresmedia
Dos meses después de la muerte de Noelia, el Tribunal Supremo dictó una sentencia que cambia el panorama de la eutanasia.
La corte decidió que aquellos que tienen "una relación especialmente estrecha" con la persona que desea morir, pueden impugnar la decisión.
Polonia Castellanos considera que es un buen primer paso jurídico. Pero su organización, Abogados Cristianos, seguirá haciendo campaña para que se derogue por completo la ley de eutanasia.
La decisión del Tribunal Supremo ha dejado perplejos a Puri y Salvador, los padres de Ana.
"No lo comprendo", dice Puri. "Puedo entender que alguien no quiera que se muera su hijo, pero un hijo no es una propiedad".
Cómo Ana llegó a solicitar la eutanasia
Ana luchó durante su enfermedad por mejorar y mantenerse positiva. Participaba en un grupo de teatro y tenía un buen círculo de amigos. Llegó incluso a empezar un curso de cuidado de niños con necesidades especiales.
Pero su enfermedad se complicó. Ana tenía hidrocefalia, una acumulación excesiva de líquido en el cerebro, fruto de su espina bífida.
A raíz de sus estancias en el hospital contrajo una infección y una meningitis que le causaron un dolor neurológico difícil de tratar.
Con la pandemia de coronavirus y el confinamiento, Ana no pudo ir a rehabilitación y empeoró.
"No soportaba el dolor y tuvo dos intentos de suicidio", cuenta Puri.
Solo faltaban unos meses para que España aprobara la ley de eutanasia, algo que ocurrió en el Congreso en marzo de 2021 (la ley entró en vigor en junio de ese mismo año).
Puri y Salvador le pidieron a su hija que esperara. "No es lo mismo morir sola y de una manera violenta y agresiva contra ella misma que morir acompañada y en paz", dice Puri.

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En octubre de 2022, Ana obtuvo el visto bueno para acceder a la eutanasia. Quiso pasar las navidades con sus padres y despedirse de su familia y amigos.
Murió en el quirófano el 27 de enero de 2023 cuando los médicos le suministraron la inyección letal.
"Para nosotros lo más especial era poder abrazarla y despedirnos de ella hasta que se quedara dormida", subraya Puri.
"Era una manera de decirle 'te queremos hasta aquí, incluso aquí'".
Pero no se pudieron quedar mucho tiempo: Ana quiso donar todos sus órganos y eso significaba que se tenía que actuar con rapidez.
Unos segundos antes de morir, Ana le dio las gracias a todo el equipo médico que estaba allí para cumplir su deseo.
"Y les pidió perdón porque les iba a dar mucho trabajo", recuerda Puri.
Un par de minutos después de que Ana muriera, Puri y Salvador tuvieron que salir del quirófano.
Más de 20 personas se beneficiaron de la donación de los órganos de Ana.
Pero ahora, los colectivos que están contra la eutanasia dicen que personas como Ana no deberían poder donar ningún tejido de su cuerpo.
El sistema de trasplantes
España es conocida por tener uno de los mejores sistemas de donación de órganos del mundo.
Pero desde la muerte de Noelia Castillo, Abogados Cristianos ha cuestionado la ética del sistema, después de que la madre de Noelia, Yolanda Ramos, dijera en un video de TikTok que el equipo a cargo del proceso de eutanasia de su hija la presionó para que autorizara la donación de sus órganos.
En 2022, cuando los tribunales paralizaron temporalmente la eutanasia de Noelia, su madre comunicó la noticia al hospital.
"Desde el hospital le dicen que es una pena porque todos sus órganos ya se habían adjudicado", cuenta Polonia Castellanos, la presidenta de Abogados Cristianos que representa a la madre de Noelia.
La BBC no ha podido verificar esta información, de la que tampoco se han aportado pruebas.
Tanto el Departamento de Salud de Catalunya, del que depende el hospital en el que murió Noelia, como la Organización Nacional de Trasplantes, aseguran que el proceso es transparente y que nunca se presiona a ningún paciente para que sea donante.
Lo que sí ha podido comprobar la BBC, de fuentes cercanas al caso, es que Noelia no se sometió a ninguna de estas pruebas ni, finalmente, donó ninguno de sus órganos.

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Pero Abogados Cristianos lleva sus quejas más allá y cuestiona la financiación del sistema de trasplantes.
"Al margen del salario, hay una retribución extra por un programa de donación de órganos", señala Polonia Castellanos. "Nosotros decimos que ese extra no puede depender de la eutanasia".
La asociación considera que hay un interés económico en que quienes mueren por eutanasia donen sus órganos. Y eso no es verdad, dice la directora general de la Organización Nacional de Trasplantes de España, Beatriz Domínguez-Gil González.
"Hay que movilizar a una cantidad enorme de profesionales muy especializados durante muchísimas horas", explica Domínguez-Gil González. "Les estamos pagando por su trabajo; no es un incentivo".
Los equipos médicos cobran un extra por su trabajo en el trasplante de órganos.
En Andalucía, por ejemplo, se pagan 4.000 euros (unos US$4.500) a repartir entre los especialistas del hospital que hayan identificado, mantenido y gestionado una donación.
Si se realiza la extracción de un riñón, los médicos implicados cobran una suma de cerca de 2.000 euros (unos US$2.275), a repartir entre todos ellos; y las enfermeras, 600 (unos US$685).
Pero estos pagos extra se hacen porque los profesionales de la salud que intervienen en los trasplantes no reciben ninguna compensación por estar disponibles las 24 horas.

Fuente de la imagen, Esperanza Escribano
"Sería insostenible para el sistema", explica Domínguez.
"Sugerir que los profesionales de la salud incentivan la eutanasia para conseguir un trasplante y cobrar por él es muy irresponsable, porque pone en cuestión no solo el programa de trasplantes, sino también la moral y el comportamiento legal de los profesionales de la salud", enfatiza.
De las 565 personas que accedieron a la eutanasia en 2025, 73 eran donantes de órganos. Un número muy pequeño del total de 2.547 personas donantes que fallecieron el mismo año.
Abogados Cristianos y otros colectivos vinculados quieren que se prohíba la donación de órganos en casos de eutanasia.
Domínguez tiene una respuesta frontal al respecto. "En España, la eutanasia es legal. Y las personas que quieren donar sus órganos, pueden hacerlo", subraya.
"Nuestra obligación es facilitarlo porque es importante respetar los deseos y la autonomía de las personas que fallecen y sus familias".

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Para padres como Puri y Salvador, que se prohibiera la donación de órganos en casos de eutanasia no tendría sentido.
Tras la muerte de Ana, ambos se reunieron con sus seres queridos en el hospital. Oían un helicóptero. "A lo mejor por ahí va el riñón de Ana a salvar otras vidas", les dijo Puri.
Dos meses después, el coordinador de trasplantes del hospital les hizo llegar una carta que le habían entregado. Era de la persona que había recibido el corazón de Ana.
El sistema de trasplantes español es anónimo y la persona no conocía a su donante, ni Puri y Salvador llegaron a saber quién era la persona que tenía el corazón de su hija.
"Nos decía que comprendía el dolor que podíamos tener los familiares, pero que agradecía su generosidad y que cuidaría de ese corazón siempre", expone Puri.
"Para nosotros fue una inyección de moral", recuerda Salvador.
"Con todo el dolor que teníamos, saber que el corazón de Ana está funcionando en otra persona y le ha servido para tener vida nos ayudó mucho".
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